lunes, 21 de enero de 2013

Darren Shan

Aquí, les ahorro tiempo de buscar uno por uno el libro de tooooooooda una saga y los adjunto a un solo archivo.
En cuanto tenga mas pedidos de Uds, para mas sagas, las iré adjuntando y subiendo.
Espero les guste la idea y les haga las cosas mas comodas ^ ^


Cique Du Freak

A primera vista Darren Shan Parece un chico normal y corriente: le gusta jugar al fútbol co sus compañeros, reírse en clase y le encantan las arañas. Hasta que un buen día Stev, su mejor amigo, consigue entradas para un extraño espectáculo del Cirque Du Freak, que ha sido prohibido en la ciudad y en el que actúan personajes siniestros y criatura inverosímiles: un hombre lobo que casi devora a una espectadora, la mujer barbuda cuyo sedoso pelo es imposible de cortar, un ser mitad niño mitad serpiente y un lúgubre adiestrador de arañas, míster Crepsley, en el que Steve cree reconocer a un mítico vampiro. Pero lo que más fascina a Darren es Madam Octa, la venenosa y astuta tarántula, capaz de obedecer todas las órdenes de míster Crepsley, y no puede resistir la tentación de robarla e intentar domesticarla por su cuenta. Pero su atrevimiento tendrá fatales consecuencias.


 Asistente de Vampiro

Mi nombre es Darren Shan. Soy un semi-vampiro.
No nací así. Yo era normal. Vivía en mi casa con mis padres y mi hermana pequeña, Annie. Me lo pasaba bien en el colegio y tenía muchos amigos.Me gustaba leer historias de terror y ver películas de miedo. Cuando un circo de freaks llegó a la ciudad, mi mejor amigo, Steve Leopard, consiguió unas entradas y fuimos juntos. Fue genial, realmente impactante y extraño. Una súper escapada nocturna.
Pero la parte más extraña llegó después del espectáculo. Steve reconoció a uno de los artistas. Había visto una imagen de él en un libro viejo y sabía quién era… ¡un vampiro! Steve se quedó por allí después de la actuación ¡y le pidió al vampiro que le convirtiera a él en uno también! Mr. Crepsley (el vampiro) lo hubiera hecho, pero comprobó que la sangre de Steve era malvada, y allí se acabó la cosa.
O debería haberse acabado, de no ser porque yo también me quedé por allí, para ver lo que hacía Steve.



 Tuneles de Sangre
Ahora Darren, el asistente del vampiro, empieza a conocer la ciudad tras abandonar el Cirque Du Freak con Evra, el niño-serpiente, y Mr. Crepsley.
Cuando empiezan a aparecer cadáveres (cadáveres desangrados), Darren y Evra se imponen la misión de dar caza a lo que quiera que sea esa repugnante criatura que está cometiendo tan horrendos actos. Así, bajo las calles, el mal acecha a Darren y Evra, y todos los indicios apuntan a Mr. Crepsley. ¿Conseguirán escapar, o estarán condenados a perecer en los túneles sangrientos?
Descrita con tal detalle que revuelve el estómago, la historia es compulsivamente entretenida. (No apta para remilgados.)  





 La montaña de los vampiros
Aquellos seis años habían sido estupendos. Me convertí en un artista habitual del Cirque, actuando con Madam Octa (la araña venenosa de Mr. Crepsley) cada noche, asombrando y aterrorizando al público. Aprendí también unos cuantos trucos mágicos, que introduje en nuestro número. Me llevaba bien con todos los miembros del Cirque. Me acostumbré a aquel estilo de vida errante, y había sido una buena época.
Ahora, tras seis años de estabilidad, teníamos que emprender otro viaje hacia lo desconocido. Sabía algo acerca del Consejo y la Montaña de los Vampiros. Los vampiros estaban regidos por unos soldados llamados Generales Vampiros, que se aseguraban de que se cumplieran sus leyes. Ejecutaban a los vampiros locos o malvados y mantenían a raya al resto de los no muertos. Mr. Crepsley había sido un General Vampiro, pero renunció mucho tiempo atrás, por razones que nunca había revelado.
Una vez cada cierto tiempo (ahora sabía que era cada doce años), los Generales se reunían en una fortaleza secreta para discutir sobre lo que quiera que fuese que esas criaturas nocturnas bebedoras de sangre discutían cuando estaban juntas. No acudían solamente los Generales (había oído que los vampiros corrientes también podían ir), pero la mayoría lo eran. Yo no sabía dónde estaba esa fortaleza, ni cómo se iba hasta allí, ni por qué tenía que presentarme ante el Consejo… ¡pero lo iba a descubrir!. 

 La Ordalia de la Muerte

Fue un viaje largo y penoso. Viajamos en compañía de unos amigos, Gavner Purl, cuatro lobos y dos Personitas, extrañas criaturas que trabajan para un amo misterioso llamado Mr. Tiny. Una de las Personitas pereció en el camino, atacada por un oso rabioso que había bebido la sangre de un vampanez muerto (los vampanezes son como los vampiros, pero con la piel púrpura y los ojos, las uñas y el pelo rojos… y siempre matan a sus víctimas cuando se alimentan de ellas). Fue entonces cuando la otra habló (era la primera vez que una Personita se comunicaba verbalmente con alguien), y nos reveló que su nombre era Harkat Mulds. Además, debía entregar un escalofriante mensaje de Mr. Tiny: el Lord Vampanez pronto se alzaría con el poder y dirigiría a los asesinos de piel púrpura a una guerra contra los vampiros… ¡y ganaría!

Finalmente, llegamos a la Montaña de los Vampiros, donde éstos viven en un entramado de túneles y cavernas. Trabé amistad con un grupo de vampiros: Seba Nile, que había sido el maestro de Mr. Crepsley cuando éste era joven; Arra Sails, una de las pocas vampiresas que existen; Vanez Blane, el instructor tuerto; y Kurda Smahlt, un General que pronto se convertiría en Príncipe.

No impresioné a los Príncipes ni a la mayor parte de los Generales. Opinaban que era demasiado joven para ser vampiro, y le reprocharon a Mr. Crepsley el haberme convertido. Para demostrar que era digno de ser un semi-vampiro, tuve que comprometerme a realizar los Ritos de Iniciación, una serie de pruebas muy duras que usualmente se reservaban para los aspirantes a Generales. Cuando decidí aceptar el desafío, me aseguraron que, si lo superaba, los vampiros me considerarían parte del clan. Lo que no me dijeron hasta un rato después (y para entonces ya era demasiado tarde para echarme atrás), era que si fracasaba en las pruebas… ¡me matarían! 




 El Principe Vampiro
Superé los tres primeros Ritos, pero el cuarto acabó desastrosamente: habría muerto destripado por un jabalí salvaje de no ser por Harkat, que saltó al foso y mató al jabalí. El problema fue que su intervención iba contra todas las reglas. Mientras los vampiros debatían sobre mi destino, alguien se coló en mi celda y me condujo a la salvación. Era un vampiro rubio, esbelto, pacífico y muy inteligente llamado Kurda Smahlt, que pronto se convertiría en Príncipe. Yo creía que era mi amigo.
Mientras escapábamos, Gavner nos alcanzó y trató de convencerme de que debía regresar para enfrentarme al veredicto de los Príncipes. Kurda le persuadió de que me dejara ir. Pero cuando estábamos muy cerca de alcanzar la libertad, nos encontramos con una banda de vampanezes (los enemigos de piel púrpura de los vampiros, que matan a los humanos cuando beben de ellos) escondidos en una cueva.
Entonces fue cuando Kurda mostró su verdadera cara. Apuñaló y mató a Gavner, y comprendí que estaba aliado con los vampanezes. Intentó cogerme vivo, pero huí y caí en un río subterráneo. Kurda me habría salvado, pero rechacé la mano que me tendía y me entregué a la peligrosa corriente del río, que me arrastró vertiginosamente bajo tierra, hacia el vientre de la montaña y una muerte segura… 
 
 Cazadores del Crepusculo
A diferencia de los vampiros, los vampanezes no tenían líderes (eran totalmente democráticos), pero cuando se apartaron de los vampiros seiscientos años atrás, un misterioso y poderoso mago conocido como Mr. Tiny les hizo una visita y les confió el Ataúd de Fuego. Este ataúd quemaba vivo a cualquiera que yaciera en su interior…, pero Mr. Tiny les dijo que una noche un hombre se acostaría en él y saldría indemne, y ese hombre les conduciría a una guerra victoriosa contra los vampiros, instituyendo a los vampanezes como indiscutibles soberanos de la noche.
Durante el interrogatorio, descubrimos con horror que el Señor de los Vampanezes finalmente había aparecido, y los vampanezes recorrían el mundo preparándose para la violenta y sangrienta guerra que se avecinaba.
Una vez ejecutados nuestros asaltantes, el rumor se extendió por la Montaña de los Vampiros como un fuego arrasador: “¡Estamos en guerra con los vampanezes!”. Y desde entonces les hemos combatido, luchando denodadamente, desesperados por conjurar la siniestra profecía de Mr. Tiny: que estábamos destinados a perder la guerra y a ser borrados de la faz de la Tierra…




 Aliados de la Noche
Esta ciudad, antaño tan tranquila, se encuentra ahora en estado de sitio. En el breve espacio de seis meses, once personas han sido brutalmente asesinadas, y sus cuerpos desangrados y abandonados en diversos lugares públicos. Muchas más se han desvanecido en las sombras de la noche, y podrían estar tiradas bajo las calles, mientras sus cuerpos sin vida se descomponen en la solitaria oscuridad.
Las fuentes oficiales no pueden explicar la espantosa oleada de crímenes. No creen que los asesinatos sean obra de un solo hombre, pero no han sido capaces de relacionar estos crímenes con ningún criminal conocido. Durante la operación policial más grande en la historia de la ciudad, se ha desarticulado a la mayoría de las bandas locales, arrestado a los líderes de sectas religiosas y echado abajo las puertas de órdenes secretas y hermandades… ¡sin resultado alguno! 


 Asesinos del Alba



Nos escurrimos a través de los túneles, con Mr. Crepsley abriendo la marcha, Vancha y yo en el medio y Harkat en la retaguardia. Hablamos lo menos posible, y hacía callar a Steve de un manotazo cada vez que empezaba a hablar: no estaba de humor para escuchar sus insultos o amenazas.

No llevaba reloj, pero había estado contando los segundos en el interior de mi cabeza. Calculé que habrían pasado unos diez minutos. Habíamos salido de los túneles modernos, y nos encontrábamos de regreso en el laberinto de los viejos y húmedos conductos. Aún nos quedaba un largo camino por delante: tiempo de sobra para que los vampanezes nos pillaran.

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